domingo, noviembre 15

TeKiMu


Nos perdimos en una noche de pasión, dejamos todas las preocupaciones atrás, hicimos de esa noche la única para nosotros, hicimos de la noche una inolvidable, les mentimos a los demás que no nos veríamos, les mentimos porque en realidad nos queríamos. Ahora, al día siguiente, estoy recordando lo vivido, esperando que una noche más eso vuelva a suceder, de verdad la quiero, me siento bien diciéndolo, no tengo miedo de hacerlo, ¿tú sí? Me dijo que no y que me quería, que volvería hacerlo si era necesario, la noche fue nuestro escenario, la madrugada nuestro cierre y el día siguiente nuestro comienzo al mundo de los que se quieren.


miércoles, septiembre 23

Les dije que me olvidé de ti


Dejé de pronunciar su nombre casi sin quererlo, eso fue porque nos habíamos dado un tiempo; no no, un tiempo no, un tiempo se lo dan las parejas para pensar algo y nosotros nunca habíamos estado. Yo lo llamaría “decirnos adiós”, bueno un adiós decidido por ella, un adiós que nos “haría bien”, un adiós que me haría olvidarla, un adiós para que la vea como mi amiga, como mi amiga y nada más. Pero quien sabe, tal vez es un adiós para ocuparnos de lo nuestro, adiós para olvidar lo que pasamos, un adiós que me dolió. La sigo recordando aunque no quiero.

No había pensado en recordarla tan seguido; digo, no había pensado en que esta separación me afectaría tanto, no lo había pensado porque que siempre hablábamos de una posible “ruptura” ella acababa diciéndome “dices tonterías, nosotros nunca nos separaremos, estaremos como amigos siempre, de verdad eso nunca pasará” y con un gesto en su rostro me demostraba que era verdad, me hacía creer con ese gesto de molesta que me quería, ese gesto de molesta que recuerdo todavía.

Alguna vez le comente sobre un sueño mío, aunque no se lo conté todo le expliqué lo más importante. “He soñado contigo, pero fue un sueño raro. Ya dime no importa. Si bueno, en el sueño tú estabas en una acera y yo en otra, estabas alejándote de mí, aunque no lo creas eso soñé, que te alejabas de mí. No digas tonteras, eso es una patraña, sabes que nunca pasará, no lo permitiré, estaré siempre junto a ti y tu junto a mí, como amigos”. Luego de eso seguimos hablando normal, como si todo fuera perfecto, mientras duró.

Yo esperaba que esto iba a suceder, nunca pensé que podría durar para siempre, aunque me hubiera gustado y mucho, pero lo presentía y se hizo realidad, no pensaba que tan pronto iba a pasar, pero pasó; de la noche a la mañana las llamadas al celular eran nulas, los mensajes se convirtieron en cero, las timbradas nunca existieron y peor aún los chats nunca sucedieron. “Es lo mejor” recuerdo que me dijo. Si, lo mejor si no te recuerdo, pero lastimosamente aún te quiero.

Llevo dentro de mí, en mi corazón, tu recuerdo viviente, tu recuerdo creciente, un recuerdo que no se borra con nada, un recuerdo imborrable por el tiempo, un amor casi inimaginable. Y me preguntaron “¿qué es de ella?, ¿Qué dice, cómo vas con ella? Pues nada, ya no hablo con ella, ya la olvidé, bueno fue porque simplemente dejamos de hablar, simplemente ya no hablamos”. Que mentira, una mentira blanca con rastro negro, una mentira oscura con pasado hermoso, si es verdad ya no hablamos pero tiene que ver con algo, ya no hablamos ni nos miramos, nos saludamos por compromiso, nos decimos chau sin un te quiero.

Admito que quiero olvidarte, estoy en ese proceso de mi mente y mi corazón borrarte, estoy en el proceso exacto para dejar de pensar en ti, en el proceso exacto para no hablar sobre ti. Todo es tan difícil para mí; es tan difícil porque no puedo dejar de hacerlo; a veces quiero llamarte pero pienso en que te diría; a veces quiero hablarte pero no sé sobre qué; a veces quiero volver a escuchar tu voz como los hacía antes, lo hacía a diario; a veces quiero decirte que aún te quiero; pero me preguntan ¿Cómo vas con ella?, mi respuesta será exactamente la misma que la anterior, les diré que me olvidé de ti.

viernes, septiembre 4

Diálogo

A veces imagino cómo sería si los dos fuésemos más que amigos; sabes que nos imagino mirando el ocaso, los dos abrazados, sentados en la arena, y en ella dibujando nuestros nombres encerrados en un corazón. Un corazón que los tiene cautivos y que no los deja escapar, un corazón que se asegura que seguirán juntos una eternidad, un corazón que no se deja ahuyentar por la feroz marea que lo arrecia, un corazón que llevo impregnado en mí, un corazón que late por ti.

- Crees que nosotros podamos ser….

- Eso no puede ser, lo siento, somos amigos y no puedo verte como algo más – dijo casi sin titubear, aunque el asombro se reflejaba en sus palabras.

- Sí, yo lo sé, somos amigos, pero yo te quiero, te quiero y mucho, tu también dices que me quieres pero la verdad es que no sé que sentir, ya no sé si sentir cariño o amor por ti – le dije mirándola a los ojos, mirando sus bellos ojos caramelo en los cuales se reflejaban los míos.

- Mira, nosotros hablamos de querer, la verdad es que también te quiero y mucho, de verdad sí; pero ya tú hablas de amor y no sé qué decirte, hay tantas cosas que están girando en mi cabeza ahora, tantas cosas que no sé qué pensar, no sé qué hacer… - se calló por un segundo, un segundo que se me hizo eterno – ahora si me dejaste sin palabras, no sé qué decirte, no sé qué hacer, no sé si seguir viéndote, no sé si sería mejor dejar de hablarnos, hay tantas cosas que ahora no sé, tantas cosas que me están rondando…

- Bueno eso depende de ti, si crees que es conveniente dejar de vernos, dejar de hablarnos, entonces lo entenderé, lo acataré sin ningún inconveniente, si eso te hace sentir mejor entonces a mí también me hará sentir mejor, creo… – el factor de la duda se hizo presente, el factor que nunca falta.

- Quiero que me veas solo como una amiga, quiero que me veas solo como tu amiga.

- Y… ¿Qué crees que estoy haciendo?

- Pues no sé, como te dije, antes nosotros hablábamos de te quiero y ahora me dices otra cosa.

- Pues entonces discúlpame, de verdad perdón, no quería molestarte.

- Pero no lo hiciste, solo me dejaste sin saber qué hacer; y no quiero dejar de hablarte tampoco.

- Pero si piensas que es lo mejor, entonces lo es, para llegar a ganar hay q sacrificar algunas cosas.

- No me vengas con eso ahorita.

- Todavía que quiero dejarlo claro te pones así, todo depende de ti.

- Ya pasó, olvídalo, sigamos tranquilos.

- Pues no, es mejor dejar claro esto ahorita, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

- Bueno está bien, seguiremos hablando, seguiremos siendo amigos.

- ¡NO!, no quiero que hagas eso por compromiso, si crees que es mejor alejarnos entonces está bien.

- Otra vez con lo mismo.

- No es que empiece con lo mismo, sino que si te molesta es mejor dejarlo aquí, es mejor cortar la maleza al ras para que no vuelva a crecer.

- No me molesta y ya te lo dije, solo me dejaste anonadada.

- Sé que estas fastidiada y solo quiero darte una salida, algo con lo cual te sientas mejor.

- Mejor olvidemos esto, es lo mejor y no nos aremos daño

- Te digo algo, en un juego a veces se gana y a veces se pierde, hay ganadores y perdedores, en la vida para salir adelante hay que arriesgar ciertas cosas y hay que perder otras.

- Pero aquí, en esto que está pasando, los dos seríamos perdedores y no habría un ganador…

- Pues yo no lo creo así, mira que pienso que tú podrías ganar, aunque sea ganar algo.

- No, te equivocas, yo no quiero dejar de hablarte, y menos dejar de verte, y pienso que tú tampoco quieres eso.

- Pues la verdad no lo quiero, y tendré que ocultar mis sentimientos, para aunque sea lograr algo.

- Pero a veces se te escapan, a veces se te fugan.

- Sí lo sé, pero ahora es distinto, ahora los enterraré, aunque duela.
Como me dolió decirle eso, como dolió porque en verdad la quería y que mejor manera de demostrárselo que dándole mi amor, pero eso no podría pasar, la visión que tenía de ver el ocaso juntos y la brisa acariciando sus mejillas solo se quedaría en eso, en una visión nublada. Ahora el tiempo había pasado, pero no sé si en algo el sentimiento había cambiado, el sentimiento de ella porque el mío seguía inmutado, la seguía amando.

miércoles, agosto 26

El sueño, ¿una realidad? (2)


- Tranquila es mi papá – dije para tranquilizarla, y es que ella estaba un tanto intranquila, un tanto nerviosa.
- ¿Y ahora que hacemos? – me preguntó.
- Pues nada, quédate aquí, tranquila es la primera vez que sucede esto pero al vivir en un departamento solo con tu padre te da cierta “ventaja” – dije con un tono de seguridad.
- Bueno, está bien – dijo sin más.

Se estaba demorando un poco en aparecer, la figura de mi acompañante de departamento se estaba haciendo esperar, como aquel artista que hace esperar a su público antes de impresionar con su gran actuación. Sentía como alguien viajaba a través del pasillo, sentía como el encuentro con aquella sombra era inevitable, cada vez estaba más cerca...

- Hola papá
- Hola ¿que tal? – sonrió solo viéndose a mí...
- Buenas tardes señor – dijo ella como si la hubieran obligado a hacerlo
- Ah, hola – masculló antes de entrar a su cuarto, me dio una última mirada, una mirada perdida que no me decía nada (hasta ahora no me dice nada sobre aquella tarde). Entró a su cuarto y se encerró allí.

Estábamos en la parte baja del camarote, en la parte baja donde meses atrás había dormido mi hermano, pero ahora ya no estaba, ahora por cosas del destino esa parte siempre paraba sola, desde que mi mamá viajó junto con mis hermanos, desde que mis papas se separaron por segunda vez, desde aquel momento esa parte del camarote estaba deshabitada, hasta aquel momento claro está.

La música seguía su curso, como si hubiera algún dj que la estuviera programando para el baile en un quinceañero. Seguía su rumbo con las canciones exactas, de verdad me impresiono, y me impresionó en aquel momento como eso podría ser cierto, el momento se iba perdiendo para darle paso a otro, era el momento de una confesión, comenzamos a hablar sobre nuestras familias, aunque era la primera vez que lo hacíamos, teníamos la confianza de años, creo que fue porque teníamos historias similares, historias que aunque los protagonistas cambiaran, el desenlace seguiría inmutado.

Comencé yo por contar mi parte de la historia, yo comencé diciendo que mis padres estaban separados, pero que a eso yo estaba por decirlo “acostumbrado”, por decirlo “adaptado”, puesto que había sucedido en una parte de tiempo anterior, cuando yo tenía cuatro años ellos habían tenido una riña similar a la que tuvieron meses atrás, y por consiguiente mi mamá había viajado, la diferencia era que en aquella ocasión solo lo había hecho conmigo, ahora a mí me tocaba quedarme con mi papá y mi mamá había viajado con mis hermanos.
Sentada ella en la cama me dijo lo mucho que lo lamentaba, también contó su parte de la historia, historia que no repetiré, porque si lo hago sentiré, así como ella, la tristeza y las ganas de llorar de ese día. De sus ojos brotaron las lagrimas, no sabía qué hacer para consolarla, soy muy malo en eso, no sabía que decirle, hablaba y lloraba, se recostó en la cama y yo atiné a abrazarla, a decirle alguna que otra tontería para que se calme, quería llorar allí con ella, quería poder entrar en ella y sacarle ese dolor que la afligía, ese dolor que recordó allí conmigo, dolor que aún no se va, ella lo sigue llevando allí con gran fortaleza, le quité las lágrimas que emergían de sus ojos con delicadeza, las quité y fui preso de nuevo de su mirada, esa mirada que me fulmina cada vez que la veo, esa mirada que me hace quererla cada día más, esa mirada que extraño. Nuestros labios se rozaron de nuevo, se juntaron, otro beso nos dimos.

Era el mejor momento de mi vida, que mejor tarde, que mejor noche que estaba apareciendo, que mejor fin de semana, ella allí conmigo, ella y yo sintiendo el querer que nos invadía, el querer que nos invadió. De pronto seguimos dándonos besos, besos más que apasionados, besos más que sentimentales, besos que reflejaban un verdadero querer, un querer que se incrementaba en cada segundo que pasaba, lastimosamente tenía que quedarse en ese querer, pero en aquel momento pensé en algo más, pensé que algo más podríamos llegar a ser, solo me ilusioné un poco más.

Y es así que confundí la situación, es así que me dejé llevar por esa emoción, emoción que ya no aguantaba más dentro mío, emoción que me hacía sentir un tanto especial, emoción que me hizo decir lo que le dije, que me hizo caer en un hueco sin regreso; emoción que me jugó doble, maldita emoción, no me dejó pensar, me dejé llevar por la emoción y mi corazón…

- Tengo que preguntarte algo – dije mirando las tablas de la cama de arriba
- Sí, dime – me respondió al instante.
- No sé, no sé – dije.
- Vamos dime – insistió.
- Está bien, te diré, pero no sé como decírtelo, es algo tan… ¡aish!, no sé cómo hacerlo…
- Mira, si es lo que yo creo que es que me quieres preguntar, la respuesta es sí – me dijo y con un beso cercioró su respuesta, como si con ese beso reafirmara su convicción, como si ese beso reafirmara aquel sí, aquel confuso “sí”.
- Bueno, ¿quieres ser mi enamorada? – con un poco de rubor en mi cara lo dije, miro hacia arriba y lo dudó un instante, se acercó hacia mí y me dio otro beso.
- Aún no me respondes – dije un poco serio, se echó en la cama
- Lo estoy pensando – me dijo mirando hacia arriba
- Solo quiero que me des la respuesta – le incité
- Sí – dijo al fin – La respuesta es sí – con otro beso cerro esa conversación

La alegría me invadió, la alegría disuadió lo que temía, esa alegría que me decía que ya la tenía, me decía que a partir de ese momento éramos más que amigos, éramos enamorados, eso me decía pero no tenía por qué ser verdad. Aunque sabía que la respuesta que me dio la dio por compromiso, la dio por no dejar que el momento se pierda, me ilusioné y mi corazón se hizo la idea que la dio por que de verdad lo sentía, de verdad me quería.

El tiempo pasaba y algo más me decía que solo me dijo eso por no decepcionarme, ya había perdido la ilusión de besarla y es que como dije líneas arriba yo la respetaba mucho, aún lo hago y no puedo verla como algo simplemente carnal, pero tenía que disfrutar el momento, lo disfruté tanto que hasta ahora lo recuerdo, hasta ahora siento sus labios en los míos, hasta ahora siento sus caricias, aún siento su olor, siento su cuerpo, hasta ahora la quiero más que en aquel momento, la quiero más con cada beso, la quiero.

Su celular comenzó a vibrar, era su prima para decirle que ya era un poco tarde y tenía que irse para su casa. Ella se había “escapado” de la salida con su prima y algunas amigas para verme, había hecho eso y de verdad me gustaba, la extrañaba y quería verla tan seguido como pudiese, sin desperdiciar cualquier momento que tuviera para verla, sin desperdiciar ningún momento para pasarlo con ella, aunque sea para hablarle, aunque sea para mirarla.

Nos levantamos y nos dimos otro beso, nos abrasamos para evitar que el otro se valla, para evitar que el otro se escape por la puerta, queríamos que el momento dure más, bueno al menos eso quería yo. “Quédate un rato más” dije abrasándola y besándola, sé que ella también quería eso pero ya no se podía más, nos separamos y le dije: “te acompaño”.

Bajamos por las escaleras, salimos de mi casa, caminamos por el parque y éramos amigo de nuevo, de nuevo como si nada hubiese pasado, como si lo vivido anteriormente hubiese sido simplemente un recuerdo, un recuerdo que yo lo viví como real, un recuerdo que no se va. Subimos al taxi y me cogió de la mano, sentí su mano de nuevo, entrelazamos los dedos como enamorados, para no soltarlos, para sentirnos de nuevo. “Dame un beso” dijo de nuevo, así como lo había hecho en mi casa. No estaba seguro de dárselo, pero sucumbí y otro beso nos dimos, tal vez el último de la noche, pero el más intenso de todos, el beso que aún me hace recordarla, el beso que me hace amarla. Seguimos así, ella posó su cabeza en mi hombro y yo posé la mía sobre la suya, la abrasé.

Llegamos hasta nuestro destino y allí estaban sus amigas y su prima, me presentó y creo que les caí bien, eso espero porque eso me pareció. Querían comer así que buscamos algunos aperitivos, hamburguesas, pollo, pizza, no se decidían, a veces las mujeres son tan indecisas. Vamos por pizza dijeron al fin.

Llegamos hasta el restaurante de la pizza, pedimos, comimos, nos reímos, hablábamos, ella estaba a mi lado, siempre a mi costado, de vez en cuando recostaba su cabeza sobre mi hombro, de vez en cuando nos mirábamos como si quisiésemos recordar algo, nos mirábamos como si ocultáramos algún gran secreto, nos mirábamos y nos reíamos.

La hora se había pasado más de lo permitido, ahora sí era tarde y tenían que partir, cada quien tenía que irse para su casa. Admito que yo no quería eso, quería seguir pasándola con ella, quería terminar la noche así como la empecé, quería decirle si de verdad éramos algo más que amigos, lástima, estaba claro, éramos solo amigos.

Pararon un taxi y ya tenían que subir para evitar el escándalo de bocinas de los carros que esperaban impacientes para recoger a algún pasajero, teníamos que despedirnos, teníamos que decirnos adiós, o tal vez un hasta luego.

- Chau, cuídate mucho ya, me llamas – nuestras manos se entrelazaron, no parecían querer soltarse, al menos no en ese instante, era como si fueran una sola de nuevo. Fue lo último que sentí de ella, sus manos, como momentos atrás las había sentido.
- Chau, tu también cuídate, buen viaje – dije sin soltarla aún, ella tampoco quería soltarme, nos dimos la última mirada y nuestras manos se deslizaron una de la otra con suavidad, una última sonrisa me dio y con sutileza se volteó.

Se subió al taxi y la vi desaparecer entre la masa de carros que había, me despedí de sus amigas y comencé a caminar en dirección a mi casa, en mi mente aún se dibujaban los momentos que pasamos juntos, aún se dibujaban todos los besos que nos dimos, se dibujaba cada uno por separado, cada uno que es especial, cada caricia que sentimos, cada instante que no perdimos, cada instante que nos sentimos cerca, queriéndonos.

Ahora que empiezo a recordar todo eso de nuevo, caigo en la cuenta de tenerla a mi lado, caigo en la cuenta de imaginar que somos “algo”. Eso no es necesario porque ya está claro, ya esta claro que somos solo amigos, tal vez eso es lo mejor, al menos así me lo explicó ella. No sabía como culminar esto, un final no tenía aún pero ahora lo tiene, ahora sé como puedo cerrar esta historia que sucedió, ahora sé que debo terminarla así como empezó, debo terminarla con una ilusión, un sueño que un día realidad se volvió, un sueño que aún sigue en mi mente, ese sueño que surgió de repente, un sueño que aún no doy por concluido, es ese sueño de tenerla junto a mí, es ese sueño de sentirla aquí, bueno no puedo más que recordarla, no puedo más que en secreto amarla, ahora sé que como “amigos” estamos bien, lastima eso le duele a mi corazón también.

lunes, agosto 10

El sueño, ¿una realidad? (1)


- Chau, cuídate mucho ya, me llamas – nuestras manos se entrelazaron, no parecían querer soltarse, al menos no en ese instante. Era como si fueran una sola de nuevo. Fue lo último que sentí de ella, sus manos, como momentos atrás las había sentido.

Tarde, noche que más da. Ahora recuerdo muy bien como sucedió todo, como los dos fuimos víctimas de una pasión que nos invadió, una pasión que no hacía falta en mí, una pasión que no pensé despertar en ella, esa pasión de sentirme querido por ella, aunque sea por una vez, aunque sea sentirme querido por ella en un pequeño espacio de tiempo, un pequeño espacio donde todo lo que imaginaba se hizo realidad, mi sueño más recóndito era real en esos minutos. Era yo víctima de sus caricias, yo era víctima de sus besos, de sus abrazos apasionados, de su amor que aunque sea me lo dio en aquellos momentos, momentos que pasamos juntos, mirándonos, queriéndonos, amándonos.

Un día común (claro eso pensaba), un día igual a los demás, un día como cualquier otro, un día en el cual lo especial no era parte del menú, un día más para mí, tenía una sorpresa esperando. Subimos al lugar donde nos íbamos a encontrar, nos escurrimos entre la puerta, nada estaba dicho hasta ese momento, esperaba solo hablar con ella, pasar un buen rato, aparte ¿qué más podría esperar si a ella le gustaba otro chico? Esperaba que me cuente más de él, tal vez para parecérmele un poco, no lo sé, quería estar con ella en esos instantes, ya la había extrañado tanto que los minutos que pasábamos juntos eran valiosos, la había extrañado tanto desde que se fue, y al igual que en aquel momento, hoy era un día anterior a que se valla de nuevo.

¿Esa es tu computadora?- me dijo, - Sí claro, ¿Qué más podría ser una máquina de escribir?- le reproché, se rió. Se sentó en la silla que había al frente del monitor, abrió su bandeja de mensajes y vio el correo del chico que le gustaba, lástima que solo le escribía porque él partía, lástima porque ella lo quiere mucho, ella lo quiere tanto que cada vez que le hablan de él se olvida que existo, yo soy uno más del monto a su lado, pero en ese mensaje ya estaba todo dicho, en ese mensaje había una despedida, él también pensaba en ella como ella en él, pero por cosas del destino se separaron, y que más quería yo, si yo me muero por ella, yo soy el tonto enamorado que sigue tras ella para ver si aunque sea por un instante se fija en mí, a ver si por un instante soy parte de su corazón. Respondió el mensaje y me dijo: “ayúdame, tu sabes de esto, tu escribes”, pensé en decirle “escribo porque me inspiras, escribo para ti, no puedo decirte que cosas decirle porque sé que lo quieres más que a mí, sé que piensas más en él que en mí”, pero mi cobardía me hizo decirle: ”ponle lo que sientas y nada más, ponle que piensas en él, que lo quieres, no se ponle lo que quieras en realidad”, eso le dije y me arrepentía; hasta ahora me arrepiento porque leyendo lo que le escribía me cercioraba más que aunque él ya no iba a estar aquí ella seguiría pensando en él, le seguiría queriendo, seguiría siendo parte de su mente, seguiría perteneciendo a su corazón. Se despidió con un: “yo también te recordaré, te kiero mucho”.

Cerró su bandeja de entrada, me miró, en sus ojos estaba la pena de saber que el amor se le había escapado y había tomado un rumbo distinto, aunque me dijo: “lo odio, no sabes cuánto lo odio”, sé que solo fueron palabras de ira, palabras de aliento para que su corazón no quede en mal estado, para que su corazón tenga la fortaleza de afrontar que ya no iba a estar, tal vez olvidar.

Se paró de la silla y trató de avanzar a través del pasadizo que dirigía hacia todo el lugar, en el fondo se divisaban cuatro puertas, tres de ellas eran dormitorios y la que sobraba era el baño. Le impedí que siguiese avanzando y traté de convencerla para jugar el jueguito de las puertas, “tienes cuatro puertas y puedes elegir una, si eliges la correcta entras si no, piña”. Claro que no aceptó y trató de llegar por la fuerza, forcejeando llegamos hacia la primera puerta, lástima, solo era el baño, la segunda se hizo esperar un poco más, un cuarto desolado, la tercera y la cuarta formaban un ángulo de noventa grados, ¿cuál elegir?, ¿cuál será la correcta?, solo lo sabía yo y ella, bueno ella quería averiguarlo. Escogió la puerta de la izquierda, sí esa era la indicada, trate de hacer que no entre pero entró, trate de hacer hasta lo imposible para que no siga a través de esa habitación, pero no conseguí fruto para mis intentos, intentos fallidos. Estábamos allí y la tarde recién empezaba a aparecer en la ventana, la noche no era virgen, la tarde lo era para nosotros ahora.

Un camarote estaba pegado a la pared, un camarote, un estante de cuadernos, un ropero y un montón de ropa limpia conformaban nuestro paisaje, algo raro en realidad, solo esperaba que viera todo y de pronto salga de ese espacio, me equivoqué de nuevo, quiso quedarse y subió a la parte alta del camarote, la música que había dejado reproduciendo en la computadora ayudaba a que algo más pueda pasar, despertaba pasión. Música romántica, música que a los dos nos gustaba, las cantábamos, nos mirábamos, sus ojos me mostraban algo distinto, sus ojos me gustaban más ahora, su mirada invadía mi mente, me enamoraba más de ella.

Estábamos los dos allí, echados el uno frente al otro, sintiendo nuestras respiraciones, algo aceleradas tal vez, algo intranquilas porque no.

- ¿Estás nervioso?- me dijo de repente.
-No – respondí intempestivamente, - bueno un poquito tal vez- dije al fin.

Como no iba a estar nervioso si esto no lo había esperado, como no iba a estar nervioso si estaba evitando darle un beso, un beso que rompía las barreras que podría sobrepasar, un beso que no esperaba que se llegue a dar, un beso que se estaba quedando en mi pensamiento, salvo hasta ese momento.

Los minutos pasaban y solo me bastaba con eso, con verla allí, con verla al lado mío, acostada junto a mí, tan tranquila como suele ser ella, tan paciente como me gustaría recordarla.

- ¿Me darías un beso? – preguntó mirándome a los ojos.
- Estoy lidiando por no hacerlo- le dije.
- ¿Y si yo te lo pidiera?- me dijo de nuevo.
- Entonces lo pensaría – respondí.
-Dame un beso- afirmó, y es así que me acerqué a su mejilla y posé mis labios sobre esta.
-No, ese tipo de beso no quiero, dame un beso- insistió, volví a acercarme a su mejilla, esta vez fue a la derecha.
-Dame un beso aquí- dijo señalando sus labios.

En un segundo lo pensé bien, y es que no podía besarla porque le tenía mucho respeto, nunca pensé que algo así podría pasar, solo en mis sueños se dibujaban esos labios junto a los míos, solo en mis sueños eso era realidad, ahora estábamos en la realidad, pero había algo más que me afligía, algo más que no me dejaba disfrutar de ese instante, era la figura de él, la figura de aquel chico por el cual ella moría, pensando “¿lo estará haciendo por despecho?, ¿solo lo hará porque sabe que él ya no podrá estar?, ¿por qué me lo pide ahora?”; pero no importó más eso, de pronto la tarde se iluminó, de pronto sentí como corría por mí su cariño, de pronto sentí que de verdad me quería, de pronto sentí como ella se dejaba querer, de pronto sentí con esos dulces toques lo que había anhelado siempre, nos estábamos besando.

Al abrir los ojos me cerciore que estaba en la realidad, me cerciore que ella, que la chica de la cual estaba enamorado, de cual nunca hubiese esperado un beso, de la cual aún sentía un gran respeto y aparte tenía un amor distante, estaba allí conmigo, compartiendo ese momento, compartiendo ese hermoso beso. Nos besamos por más de una vez, por más de una vez al abrir los ojos sentí como corría en mí ese cariño, aquel cariño que ella decía sentir por mí, aquel cariño que sé esta distante, que se nunca pasará de eso. Al final me olvidé de todas las barreras que mi mente me ponía, al final todos los supuestos se desvanecían, estaba allí con ella y eso importaba, estaba allí con ella y ese momento talvez nunca se repetirá, tenía que aprovecharlo, tenía que sentirlo y sentirla a ella, besarla con cariño, “deja salir al tú enamorado, disfruta el momento, que sea este momento el cual recordemos”, me dijo mirando al techo, nos dimos un beso más de los miles que ya llevábamos, un beso más que pensaba que era el último, hablábamos, nos cantábamos, nos mirábamos, nos besábamos, hacíamos del momento el más maravilloso que hubiésemos sentido antes, al menos así lo sentía yo, sé que ella lo sentía así también.

El sonido de la puerta abriéndose nos removió, un golpe de nerviosismo inauguró nuestro momento, un golpe de nerviosismo que nos hizo saltar, bajamos de la cama, no sabíamos qué hacer.

viernes, julio 17

Cuando tienes que decir !YA NO!

Hay veces que las cosas no son como uno quiere que sean, el destino te lleva hacia un lugar totalmente distinto al que esperaste llegar, un lugar desolado tal vez, un lugar donde no hubieras querido estar, tal vez te lleva a un lugar en donde no puedes siquiera valerte por ti mismo, un lugar en el cual tu corazón está solitario, un lugar donde ya no existe “el amor” para ti, hay veces que las decisiones te afectan, tus decisiones son las que te afectan, y ¿si no tenías otro remedio?

- No quiero hacerte daño – fue lo último que escuche, - eres mi amigo y lo sabes ¿verdad? – me dijo cuando se despidió, - Te quiero – dijo antes de partir, con un beso en mi mejilla la vi salir.

Sentía aún en mi corazón esas palabras que me decía cada vez que hablábamos por teléfono, su voz era inigualable y recuerdo también la timidez con la que le hable por primera vez, la timidez que me llevo a escribirle tantas cosas, timidez que me llevo a imaginar, para mal, pero a imaginar y soñar al fin, timidez que aún siento cada vez que le quiero decir “ TE KIERO NO SABES TODO LO QUE HARIA POR TI”, timidez que no me deja adelantarme y sigue pegada a ella, timidez que esta tan ligada a lo que siento, a este querer intenso, timidez que quiero borrar, que se valla nada más.

No hay mucho que se pueda hacer cuando la persona a la que quieres mira hacia otro camino, la verdad no hay mucho por hacer puesto que tu solo eres la línea del medio y hay aún un inmenso tramo que no cubres, un tramo que no eres tú, un tramo en el cual no cumples las expectativas necesarias para ser “importante”, tal vez eres como un arbusto en el campo, uno más del montón, uno más que no tiene los suficientes atributos para salir de la multitud, eres uno más, y ella no lo es para ti, ella es especial, es la única, para ti nada más.

Y ahora pienso el por qué me duele cada vez que imagino que no estarás junto a mí, ahora que lo pienso lo hago diariamente, ahora que lo pienso cada vez estas más lejana a mí, cada día que supuestamente te debo conocer más es un día más en el cual he perdido la oportunidad de sentirme junto a ti, cada día que pasa es un delirio más para mí, cada día que pasa no es para conocerte más, cada día que pasa es para cerciorarme de que tendré que olvidarme de tu amor, olvidarme de ti ¿por qué no?, solo que eso un tiempo tomará, por ahora contigo, como amigo solo quiero estar, ojala.

Hay veces que me duele más que el día anterior y pienso si la salida estará en alejarme completamente de ti, la verdad es que quiero hacerlo, quiero olvidarme de ti, este dolor no me deja respirar, me está matando cada día más, se está apoderando de mí esto que un día quise ocultar. Recuerdo que un día te dije: - Hay dos tipos en mí, el que es tu amigo y el que está enamorado de ti, el que es tu amigo sobrevivirá y el otro es el que desaparecerá- dije eso sin saber que ahora estaría lamentándome, ahora estaría más enamorado que esa vez, ahora que lo pienso quiero que ya salgas de mi corazón, ahora que lo pienso quiero decir ¡YA NO!

Decir ¡YA NO! a sentirme enamorado de ti, decir ¡YA NO! a quererte cada día más, decir ¡YA NO! a despertarme y pensar en ti, decir ¡YA NO! a soñar contigo, decir ¡YA NO! a ilusionarme más, decir ¡YA NO! a buscarte, a llamarte, decir ¡YA NO! a olvidarte, decir ¡YA NO! a quererte, decirle ¡YA NO! a mi corazón, que se cerciore de una vez por todas que esto se debe acabar, como debí hacerlo alguna vez hace un tiempo, pero la ilusión se apoderó de mí, la ilusión me hizo volver a sentir, esto que ahora lamento, esto que ahora entierro.

Lastimosamente hay que decirle ¡YA NO! cuando te esta carcomiendo por dentro, cuando ya no hay porque luchar y te estás debilitando, cuando tus fuerzas se vuelven nulas y no hay quien las reponga, mejor dicho si lo hay pero no puede hacerlo, dolerá al principio de eso estoy seguro, tal vez será más difícil de lo que puedas imaginar, pero ¿será para bien?, intentaré hacerlo, un día aunque sea soñare que ella no existió, un día que será el comienzo y el siguiente final, pues tu recuerdo volverá a mí, tu recuerdo seguirá aquí, aunque yo no quiera lo tendré, intentaré olvidarme de ti, separándome de ti, recordándote más, ojala me funcione.

sábado, julio 4

La seguridad de mi Inseguridad



De repente pensé en culminar con esto, pensé en poder acabar con algo que nunca había tenido un inicio, sugiriéndole al corazón algo que tal vez nunca hubiera hecho caso, sugiriéndole que se olvide por completo de ti, que se olvide de esa persona que entre sueños juró amar y que ahora, por cosas del destino, siento que no está, siento que está más lejana que el sol, más lejana que cualquier otro planeta, y todo por la simple y tonta idea que un día me hice a mí mismo y le hice creer, la idea de que en algún tiempo remoto (no pensaba que iba a ser tan distante) podría haber “pasado” algo entre los dos, la idea que no solo en sueños tu podías fijarte en mí, la idea que no solo me vieras como tu amigo. Y ahora sí lo entiendo, cosas vienen y cosas van, cosas que hacen que me dé cuenta que solo en mis sueños aquellos pasajes se quedaran, la realidad distante de ellos esta, y tú, por consiguiente, allí te quedaras.

Lástima, pensé que de alguna forma lo nuestro iba funcionar, pero me di cuenta que NO, que tu mirabas hacia otro camino, y la seguridad de la cual tanto me jactaba de pronto se vio inmersa en un hoyo oscuro, en un hoyo llamado olvido, y es que eso tengo que hacer, ahogar mis ansias de quererte para lograr entenderte, ahogar mis ansias de sentirte cerca para extrañarte a lo lejos, extrañarte, quererte, sentirte, ¿qué más?, ¿qué más podría describir todo esto que siento?, ¿todo esto que juré nunca contar a nadie?, todo esto que lo guardaba en el baúl de la noche, en el baúl de tu recuerdo, un baúl cuya clave decía tu nombre, cuya clave era el sentirme querido por ti, un baúl que ahora tiré al mar, un baúl que me hizo olvidar.

Cada momento, cada instante, cada mirada, cada sonrisa, cada caricia, cada beso, cada risa, cada caminata, cada todo. Cada poesía que podría haberte compuesto, cada estrella que hubiera podido bajar en tu nombre, cada amanecer que hubiera levantado por ti, cada sentimiento que hubiera nacido en mí, por ti, cada frase que podría haber iluminado nuestro camino, cada historia que hubiera inventado para demostrarte día a día que mi cariño crece, en fin, cada pensamiento que ya no está, cada pensamiento que se esfumó afuera de mí, cada pensamiento que tuvo como tubo de escape la verdad, verdad maligna pero verdad al fin, verdad que no cambiaré, verdad que solo tú sabes, verdad que me dijiste cuando te fuiste, verdad que me hizo derrumbar la casa de mi estabilidad, verdad que me hizo caer, dar un respiro de inseguridad.

Pude sentir ahora que todo volvía a la normalidad, aunque no tan normal, aunque un poco extraña, normalidad a la cual podría acostumbrarme con un par de años de práctica, normalidad que no te tiene a ti como principal ilusión, normalidad que me hizo dejarte, normalidad que es mejor para los dos, normalidad que me juró un mundo mejor, y sin ti la verdad no lo creo.

sábado, junio 20

Se que esta


Necesitaba llegar temprano, ya eran más de las 8:00 pm y probablemente ella ya esté allí, como siempre, como si esperara a alguien, como si estuviera pegada por algún motivo más que la simple diversión. Ya no lo aguantaba, necesitaba hablar con ella, al menos decirle: “Hola, ¿cómo te ha ido?”, al menos cruzar unas palabras, al menos pensar que ella piensa en mí por un segundo, un segundo en el cual estoy en su mente, un segundo que soy importante para ella, un segundo que quiero que sea eterno, un segundo en el cual pueda sentirme liberado, un segundo en el cual sea preso de sus suaves palabras, de su brisa con la que me habla, de sus ojos bellos, de su sonrisa sin igual, de su cariño sincero, un segundo en el cual ella este junto a mí, ese segundo como ahora en el cual pienso en ella, un segundo que es para mí el último, y el primero.

Seguía en mi lucha por llegar, en mi lucha por salir de esta nube de luces que resplandecen en mí; y su recuerdo vuelve a mi mente, aunque sentado pienso que estoy con ella paseando, aunque parado pienso que estamos sentados en la orilla del mar, viendo las olas, viendo el infinito, compartiendo un momento, compartiendo mil momentos, riéndonos, soñando, imaginando, retando a la vida, pero ella no es más que una ilusión triste que está en mi mente, una ilusión que no se completará, una ilusión que llegó y con la misma velocidad temo que se valla, temo por ella, temo por mí.

8:35 pm, más tarde que nunca, aunque recién ella esté allí cada segundo cuenta como hora, cada hora cuenta como año y cada año cuenta como siglo. 8:40 pm y ya no se qué hacer para sacar de mi mente esta euforia, estas ganas de verla, de sentirla, de oírla, estas ganas que no me dejan tranquilo, esta inquietud que se apoderó de mí, como mi adrenalina, como mi droga, como mi vicio, un vicio que no puedo dejar, un vicio que crece y crece y no se va, un vicio que en su etiqueta tiene su nombre, y en su receta tiene sus palabras, palabras dulces como el caramelo, palabras suaves como la brisa del mar, palabras que me llenan, que no me dejan, palabras que me permiten vivir, respirar.

Estoy más cerca pero es más lejos, estoy lejos pero la siento cerca, no siento como transcurre el tiempo, está allí, a mi costado, al frente, detrás. ¿La llamaría?, pero ¿Qué le diría?, las mismas palabras estúpidas que suelo decir siempre, las mismas frases que ya cansan, sí lo haría, por escuchar su voz cualquier cosa, por sentir su respiración cualquier cosa, por verla cualquier cosa, me convertiría una vez más en un idiota, aunque sentimental, pero idiota al fin, aunque “enamorado”, pero idiota al fin, aunque amoroso, pero idiota sin remedio, soy el idiota que siente esto que es una farsa, el idiota que piensa que se puede hacer realidad el sueño que tengo, el idiota que piensa que la luna es de los dos, y el sol nuestro confidente.

Me siento y enciendo la máquina, la demora absoluta, la demora retardada, la demora inquietante, un vaso de agua, un vaso de gaseosa, o lo que sea, ya no puedo más, quiero verla allí, en mi pantalla, aunque sea algo se logra con eso, aunque sea calmo mis ansias de querer verla, aunque sea reemplaza al celular. Me calmo, los últimos segundos son los más trágicos, se que ella estará, por algo he esperado este momento, decirle un hola no basta, está allí como siempre, como me lo esperaba…

HOLA :D, se abre su ventana.

domingo, febrero 8

Cuando la vi sentada




Al entrar todos estaban completamente tensos, como un fierro que acababa de salir del horno o como si la cuerda de puenting se hubiera quedado rígida porque el personaje que cuelga de ella está demasiado regordete para que pueda aplicarse la famosa ley de Newton “acción y reacción”. Aunque el día estaba claro, y algunas nubes merodeaban por el cielo como indicio de oscuridad, todos adentro (unos 5 o 6 contándome) tenían una cara de meditabundos maldita que me recordaba cuando en una de las tan galardonadas “chupetas entre patas” uno de mis amigos de escuela comenzaba a poner cara de borracho al haber ingerido ya más de 8 vasos de ron con coca-cola y se sentía con ganas de ponerse una tina en la cabeza aunque sea para engañar al estomago diciéndole que está preparado para lo que “venga”.

No sabía donde sentarme, habían muchas carpetas vacías, y aunque era nuevo para mí (me refiero al lugar porque luego de haber pasado un verano en la CEPRE – UNI las carpetas de color negro hechas de plástico y fierro no son la gran cosa) sentía que eso determinaría el correr de los siguientes días que me tocara en esa misma aula y con los mismos compañeros que prontamente ingresarían por "la puerta engañosa" (que por un lado es espejo y por el otro te ven como te estás arreglando para entrar) con un aire de “¿estos son mis compañeros?” o porque no con un ademán de “quiero que esto acabe pronto para largarme de aquí y no saber de ellos hasta la siguiente clase”, pero aún así eso no me animaba a escoger un sitio en especial. Recorrí con la mirada otra vez todo el lugar y me pareció muy grande para una clase de verano de no sé cuantos salones por un mismo curso que al fin y al cabo llevarían más que a aprender a hacer un poco de vida social para relajarse con los nuevos amigos en este verano caluroso que ya estábamos viviendo.

Un sitio en el medio de la clase era el indicado, ni tan para la derecha ni tan para la izquierda, tampoco tan adelante ni tan atrás, el cual, me facilitaba ver todo el espacio disponible y también me aseguraba el no morirme de calor teniendo arriba mío el tan conocido ventilador.

Pasaron por lo menos unos 15 minutos para que la clase este mas o menos llena, las ganas de ir al baño me arreciaron repentinamente y tuve que dejar de leer el libro que había sacado para dirigirme presuroso a mi destino pero al salir la vi a ella, estaba allí y aunque fue la primera mirada sabía que estaría conmigo las siguientes 6 semanas y algo más que nos esperaban.

Hice mis necesidades y me dispuse a lavarme las manos y la cara ya que el calor era inminente (no creo que haya sido por el clima sino por la chica) y al ver mi cara reflejada en el espejo descubrí un gesto extraño, no era asombro (ya que en el conocido “ojo” de la universidad te podrías deleitar con una gran diversidad de muchachas), tampoco nerviosismo (no me inmuto tan fácilmente por una chica), pero fuera lo que fuera estaba completamente distinto a lo que había llegado.

Camino al aula todo era distinto, comencé por mirar el pasadizo y los salones para finalmente pararme en frente de "la puerta engañosa". Pensé por un instante que estaría cerca de la muchacha que había visto minutos atrás pero me equivoque, ella se había sentado a tres carpetas a la izquierda mía así que sería un día propicio para observarla si es que no llegaban más muchachas así, lo dudaba.

8:00 am en el reloj y supuestamente la clase debía iniciar; todos ya habían ocupado su lugar para un viaje entre números y palabras pero el arranque aún no se daba y todos estábamos cada vez más impacientes. Recorrí con la mirada todas las caras que habían y todas tenían gestos distintos (el primer día en la universidad siempre te genera eso) pero aún así me sentía atraído por la chica que se había sentado a tres carpetas a mi izquierda. Tenía el cabello largo con flecos dorados, una figura bella (para mí al menos), también una piel bronceada fruto de una exposición al sol descomunal así como también de sus padres, los ojos no eran claros pero eran llamativos, en sus mejillas se dibujaba un rojo como de rubor, sus labios eran carnosos y perfectos con ese rojo exacto en cada uno y su mirada de nuevo invadía mi ser. Me había quedado mirando.

“Buenos días alumnos”, así inició su clase el profesor bajito y gordito que decía haber estudiado matemática pura en la "CATO" pero que tenía buen estilo del humor (al menos para él). El protocolo de siempre y a este incauto se le ocurrió hacer una “dinámica” improvisada para “quebrar el hielo”, no lo logró. Luego de que cada uno hubo dicho su nombre, apellido, carrera, hobbie y no sé qué otro cliché expuesto en la pizarra, todos volvían a su posición inicial. No había surgido efecto alguno, seguíamos frígidos, y al volver mi mirada hacía el salón, las expresiones no habían cambiado ni en lo más mínimo.

Ella estaba allí, pensativa, tal vez un poco dubitativa con la mirada perdida en aquella pizarra de plástico la cual nos indicaba lo que teníamos que hacer en aquel momento. Las horas pasaron rápido, era el primer día ¿qué más esperaba?, pero al escuchar “pueden irse nos vemos en la próxima clase” ella se levantó rápidamente y su figura viajó a través de aquella puerta que parecía más un portal, pero aún así miré hacia su asiento, la recordé allí, son su mirada perdida y sus ojos en mí, la extrañé hasta el siguiente día.