sábado, junio 20

Se que esta


Necesitaba llegar temprano, ya eran más de las 8:00 pm y probablemente ella ya esté allí, como siempre, como si esperara a alguien, como si estuviera pegada por algún motivo más que la simple diversión. Ya no lo aguantaba, necesitaba hablar con ella, al menos decirle: “Hola, ¿cómo te ha ido?”, al menos cruzar unas palabras, al menos pensar que ella piensa en mí por un segundo, un segundo en el cual estoy en su mente, un segundo que soy importante para ella, un segundo que quiero que sea eterno, un segundo en el cual pueda sentirme liberado, un segundo en el cual sea preso de sus suaves palabras, de su brisa con la que me habla, de sus ojos bellos, de su sonrisa sin igual, de su cariño sincero, un segundo en el cual ella este junto a mí, ese segundo como ahora en el cual pienso en ella, un segundo que es para mí el último, y el primero.

Seguía en mi lucha por llegar, en mi lucha por salir de esta nube de luces que resplandecen en mí; y su recuerdo vuelve a mi mente, aunque sentado pienso que estoy con ella paseando, aunque parado pienso que estamos sentados en la orilla del mar, viendo las olas, viendo el infinito, compartiendo un momento, compartiendo mil momentos, riéndonos, soñando, imaginando, retando a la vida, pero ella no es más que una ilusión triste que está en mi mente, una ilusión que no se completará, una ilusión que llegó y con la misma velocidad temo que se valla, temo por ella, temo por mí.

8:35 pm, más tarde que nunca, aunque recién ella esté allí cada segundo cuenta como hora, cada hora cuenta como año y cada año cuenta como siglo. 8:40 pm y ya no se qué hacer para sacar de mi mente esta euforia, estas ganas de verla, de sentirla, de oírla, estas ganas que no me dejan tranquilo, esta inquietud que se apoderó de mí, como mi adrenalina, como mi droga, como mi vicio, un vicio que no puedo dejar, un vicio que crece y crece y no se va, un vicio que en su etiqueta tiene su nombre, y en su receta tiene sus palabras, palabras dulces como el caramelo, palabras suaves como la brisa del mar, palabras que me llenan, que no me dejan, palabras que me permiten vivir, respirar.

Estoy más cerca pero es más lejos, estoy lejos pero la siento cerca, no siento como transcurre el tiempo, está allí, a mi costado, al frente, detrás. ¿La llamaría?, pero ¿Qué le diría?, las mismas palabras estúpidas que suelo decir siempre, las mismas frases que ya cansan, sí lo haría, por escuchar su voz cualquier cosa, por sentir su respiración cualquier cosa, por verla cualquier cosa, me convertiría una vez más en un idiota, aunque sentimental, pero idiota al fin, aunque “enamorado”, pero idiota al fin, aunque amoroso, pero idiota sin remedio, soy el idiota que siente esto que es una farsa, el idiota que piensa que se puede hacer realidad el sueño que tengo, el idiota que piensa que la luna es de los dos, y el sol nuestro confidente.

Me siento y enciendo la máquina, la demora absoluta, la demora retardada, la demora inquietante, un vaso de agua, un vaso de gaseosa, o lo que sea, ya no puedo más, quiero verla allí, en mi pantalla, aunque sea algo se logra con eso, aunque sea calmo mis ansias de querer verla, aunque sea reemplaza al celular. Me calmo, los últimos segundos son los más trágicos, se que ella estará, por algo he esperado este momento, decirle un hola no basta, está allí como siempre, como me lo esperaba…

HOLA :D, se abre su ventana.